El capitalismo, la desinformación y la falta del sujeto: ¿Cómo enfrentamos el avance del odio?

 

El capitalismo, la desinformación y la falta del sujeto: ¿Cómo enfrentamos el avance del odio?

Por Alejandro Melendi

Vivimos en una época donde pareciera que la información está al alcance de todos, pero también estamos inmersos en un mar de desinformación. Los medios de comunicación masiva tradicionales y las redes sociales son los nuevos dispositivos a través de los cuales el capitalismo difunde su discurso hegemónico, reforzando la fragmentación social y promoviendo discursos de odio contra los progresismos, las minorías y los colectivos que luchan por la justicia social. Pero, ¿por qué este proceso es tan efectivo y cómo podemos enfrentarlo? 

La falta del sujeto y la desinformación como herramienta del poder

Lacan nos dice que el ser humano está estructurado por una falta: desde que entramos en el lenguaje, nos falta algo que nunca podemos recuperar. Esto es lo que genera nuestro deseo, pero también nuestra angustia. El capitalismo ha explotado esta falta, ofreciendo objetos y promesas de completud que nunca se alcanzan del todo: “Si consumes esto, si logras tal meta, serás feliz.” Pero esa plenitud es una ilusión.

La desinformación, entonces, juega un papel clave en este proceso: canaliza la angustia del sujeto hacia enemigos falsos. En lugar de que las personas cuestionen el sistema económico y social que perpetúa su insatisfacción, se les ofrece un chivo expiatorio: los progresismos, los feminismos, los inmigrantes, las minorías sexuales o el Estado.

Slavoj Žižek señala que el capitalismo es maestro en crear deseos y canalizar la frustración cuando esos deseos no se cumplen. En su obra Bienvenidos al desierto de lo real (2002), explica cómo los medios de comunicación no solo transmiten hechos, sino que construyen realidades en las que ciertos grupos son percibidos como amenazas.

El papel de los medios: la información como mercancía

El capitalismo ha convertido la información en una mercancía más. Los grandes medios de comunicación no solo buscan informar, sino generar audiencias, porque es a través de ellas que obtienen ganancias publicitarias. Esto los lleva a privilegiar contenidos emocionales, polarizantes y sencillos de consumir.

Chomsky y Herman, en Manufacturing Consent (1988), explican que los medios masivos son parte de un aparato ideológico que responde a los intereses del poder económico. Este aparato selecciona qué información se difunde y cómo se presenta, de manera que los conflictos estructurales (como la desigualdad social o la concentración de la riqueza) quedan fuera del debate público. En su lugar, se presentan temas que dividen a la sociedad y que generan enemistades entre los sectores populares.

Por ejemplo, en lugar de discutir cómo la acumulación del capital por parte de una minoría afecta la vida de millones, los medios desvían la atención hacia debates sobre si los inmigrantes “nos quitan el trabajo” o si los movimientos feministas “atentan contra la familia”.

En este sentido, las redes sociales no son una alternativa democratizadora, sino una extensión de este sistema. Su algoritmo no privilegia la verdad, sino el contenido que genera más interacción (likes, comentarios, compartidos), y el contenido polarizante y emocional es el que más engancha a los usuarios.

Los discursos de odio como respuesta a la falta del sujeto

Cuando las personas no pueden satisfacer sus deseos dentro del sistema capitalista, su frustración se transforma en angustia. En lugar de cuestionar el sistema, el discurso hegemónico ofrece un enemigo sobre el cual volcar esa frustración. Este proceso es parte de lo que Lacan llama el “odio al goce del Otro”: el sujeto siente que hay otro (los inmigrantes, los feministas, las minorías) que está disfrutando a su costa.

Por ejemplo, el discurso de que “los beneficiarios de planes sociales son vagos que viven del esfuerzo de los demás” no es más que una construcción ideológica que canaliza la frustración del trabajador precarizado hacia un enemigo interno, en lugar de hacia el verdadero responsable: un sistema que concentra la riqueza.

La fragmentación social y la pérdida de la acción colectiva

Uno de los mayores triunfos del capitalismo ha sido fragmentar la acción colectiva y desmovilizar a los sectores populares. Al individualizar el éxito y el fracaso (“si te va mal, es porque no te esforzaste lo suficiente”), el sistema deslegitima la idea de que el cambio debe ser colectivo.

Zygmunt Bauman, en La modernidad líquida (2000), señala que vivimos en una sociedad donde las instituciones tradicionales (partidos políticos, sindicatos) han perdido legitimidad. Esto ha dejado un vacío que las redes sociales y los discursos de odio han ocupado, pero no para organizar una resistencia colectiva, sino para fragmentar aún más a los sectores populares.

Los sindicatos y las organizaciones progresistas deben entender que las personas no se movilizan solo por argumentos racionales, sino también por emociones. Si no se aborda la angustia del sujeto y se ofrece una narrativa que dé sentido a su falta, el discurso de odio seguirá ganando terreno.

¿Cómo enfrentar la desinformación y los discursos de odio?

No basta con proporcionar información veráz. Es necesario disputar el sentido y el relato, creando espacios de diálogo donde las personas puedan reconocer su falta y transformarla en acción colectiva, no en odio. Algunas estrategias concretas son:

a) Reconstruir el tejido comunitario

La fragmentación social solo se puede enfrentar reconstruyendo espacios de encuentro. Esto puede incluir talleres, reuniones barriales, espacios sindicales abiertos donde las personas puedan compartir sus experiencias y desmontar colectivamente los discursos de odio.

Boaventura de Sousa Santos propone la idea de la ecología de saberes, donde las distintas experiencias y conocimientos (académicos, populares, culturales) pueden dialogar y construir alternativas colectivas.

b) Desmontar los mitos del individualismo y la meritocracia

Es fundamental cuestionar la idea de que el éxito es siempre individual y mostrar cómo las condiciones estructurales (desigualdad, falta de oportunidades) afectan las trayectorias de las personas.

Esto no debe hacerse de manera condescendiente, sino con ejemplos claros y cercanos que permitan a las personas reconocer su propia experiencia en el relato.

c) Utilizar las redes sociales como herramienta de construcción de comunidad

Aunque las redes sociales son un campo de batalla desigual, pueden ser utilizadas para construir redes de apoyo y resistencia. Es necesario generar contenido que no solo informe, sino que también movilice emocionalmente.

Frase clave: “No basta con tener la razón; necesitamos construir el deseo de cambiar juntos.”

Conclusión: del odio al diálogo, de la fragmentación a la acción colectiva

El avance del capitalismo sobre nuestras vidas no es solo económico, sino también simbólico. Nos enfrenta entre nosotros y desvía la atención del verdadero problema: la concentración del poder y la riqueza. Pero este discurso no es invencible. Si logramos reconstruir el tejido social, reconocer nuestra interdependencia y disputar el relato del éxito individual, podremos transformar la angustia en esperanza y acción colectiva.

Como decía Gramsci: "El viejo mundo está muriendo y el nuevo lucha por nacer: éste es el tiempo de los monstruos." Pero también es el tiempo de la organización y el diálogo.


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