"Con la mía y con la tuya": Cómo se horada la clase media y se debilita la economía argentina
"Con la mía y con la tuya": Cómo se horada la clase media y se debilita la economía argentina
Javier Milei: Impacto retórico y el triunfo del discurso apolítico
Por Alejandro Melendi
Javier Milei, a través de su discurso confrontativo y emocional, ha logrado generar un fuerte impacto en el sentido común y en la opinión pública, incluso cuando sus argumentos presentan debilidades lógicas. Este fenómeno se puede explicar desde diversos enfoques, como la retórica emocional, los mecanismos de la polarización y la simplificación de temas complejos.Sin embargo, surge la pregunta: ¿Por qué los sindicatos, gremios u otros sectores partidarios como el peronismo que se muestra como una fuerte oposición no han podido contrarrestar este discurso? Parte de la respuesta está en su propia fragmentación, la falta de renovación en sus discursos y la desconexión con los sectores jóvenes y medios, que hoy se ven especialmente afectados por la inflación y la precarización laboral. Incluso el peronismo, que ha perdido la brújula y el consenso dentro de sus fueros más íntimos, no ha sabido ofrecer una narrativa sólida que canalice el descontento hacia propuestas renovadas y esperanzadoras. Su discurso, a menudo anclado en viejas fórmulas populistas, queda corto frente al lenguaje directo y emocional de Milei, que simplifica los conflictos sociales en términos de enemigos y soluciones aparentes.
Mientras Milei se posiciona como un "anti-sistema" que ofrece soluciones simples a problemas complejos, su discurso se vuelve paradójico al utilizar el propio sistema estatal y sus mecanismos institucionales para llevar adelante sus políticas económicas. Estas políticas, que incluyen la eliminación de regulaciones y la reducción del gasto público, han demostrado aumentar las desigualdades y afectar principalmente a las minorías, muchas veces señaladas por Milei como responsables del deterioro del tejido económico. Por su parte, los sectores gremiales y la oposición política en general mantienen estrategias defensivas tradicionales y no han logrado adaptar su narrativa a los nuevos desafíos del siglo XXI. Por ejemplo, los sindicatos suelen enfocarse en demandas salariales inmediatas, como paritarias, pero no abordan el impacto a largo plazo del deterioro de las condiciones laborales ni presentan alternativas frente a la precarización laboral que afecta especialmente a la clase media.
La percepción de esta clase media, muchas veces excluida del sistema de subsidios y atrapada entre la inflación y los altos impuestos, se ejemplifica en trabajadores autónomos y pequeños empresarios que ven cómo sus ingresos reales se reducen constantemente, lo que refuerza la idea central de Milei de que el estado, al apropiarse de "la tuya" mediante altos impuestos y mala gestión, erosiona el esfuerzo individual y la capacidad de crecimiento económico de las familias y pequeños negocios. Esta situación alimenta el descontento hacia los modelos sindicales tradicionales y una oposición partidaria política que no puede dar una respuesta al reclamo de una sociedad fragmentada y frustrada. Al no presentar alternativas claras ni renovadas, estos sectores terminan profundizando la desconexión con quienes buscan soluciones inmediatas y creíbles. En este vacío, el discurso apolítico de Milei se convierte en un refugio para quienes ven en el estado no un protector, sino una carga que limita su progreso.
En este contexto, el progresismo tiene el desafío de ofrecer propuestas esperanzadoras para estos sectores, por ejemplo, mediante políticas redistributivas más eficientes y transparentes, un enfoque en la creación de empleo verde, y programas de capacitación para jóvenes en sectores tecnológicos y emergentes. Los jóvenes, que muchas veces se sienten excluidos del mercado laboral y carecen de expectativas de crecimiento, podrían beneficiarse de incentivos específicos para emprendedores, así como de una fuerte inversión en educación técnica y superior accesible. La clase media podría encontrar esperanza en un modelo económico donde el estado actúe como facilitador de oportunidades, mostrando que, con "la tuya", puede gestionar eficientemente políticas que no solo redistribuyan recursos, sino que también generen empleo, impulsen el desarrollo productivo y aseguren servicios públicos de calidad. Este cambio en la percepción es clave para contrarrestar la idea de que los impuestos solo financian burocracia ineficiente.
Por ejemplo, un programa progresista bien estructurado podría ofrecer créditos blandos para pequeños empresarios, vinculados a mejoras productivas o innovación tecnológica. Asimismo, políticas de protección social flexibles y personalizadas podrían aliviar la carga sobre trabajadores autónomos, asegurando que tengan acceso a servicios básicos sin ser aplastados por una carga impositiva excesiva. De esta forma, se podría contrarrestar la retórica simplificada de Milei al mostrar cómo un estado eficiente puede ser un aliado del desarrollo individual y colectivo.
De esta manera, la apolítica triunfa en el sentido común no porque proporcione respuestas reales, sino porque simplifica el conflicto y canaliza el descontento hacia la idea de que el problema central es el estado en sí mismo.
El concepto de "la mía, la tuya y el modelo tecnofeudal": ¿Fortaleza o simplificación peligrosa?
Javier Milei ha logrado capitalizar el descontento social en Argentina a través de su narrativa central: el concepto de "la mía y la tuya". Esta retórica, basada en la defensa de la propiedad privada y los derechos individuales, le permite posicionarse como un defensor de la libertad frente a un estado que, según él, "roba" los recursos de los ciudadanos mediante impuestos y redistribución coercitiva.
Sin embargo, esta idea, aunque efectiva retóricamente, presenta serias debilidades conceptuales cuando se la lleva al terreno práctico. Al simplificar el papel del estado y la naturaleza de ciertos derechos, Milei no aborda cómo gestionar problemas colectivos que dependen del esfuerzo compartido, como la educación pública, la salud y el medio ambiente. Además, su discurso conecta con un modelo tecnofeudal, donde los privilegios económicos quedan concentrados en una élite reducida, mientras amplios sectores de la sociedad ven cómo su poder adquisitivo y derechos básicos se degradan progresivamente, evocando desigualdades estructurales similares a las del feudalismo medieval.
Javier Milei ha logrado capitalizar el descontento social en Argentina a través de su narrativa central: el concepto de "la mía y la tuya". Esta retórica, basada en la defensa de la propiedad privada y los derechos individuales, le permite posicionarse como un defensor de la libertad frente a un estado que, según él, "roba" los recursos de los ciudadanos mediante impuestos y redistribución coercitiva.
Sin embargo, esta idea, aunque efectiva retóricamente, presenta serias debilidades conceptuales cuando se la lleva al terreno práctico. Al simplificar el papel del estado y la naturaleza de ciertos derechos, Milei no aborda cómo gestionar problemas colectivos que dependen del esfuerzo compartido, como la educación pública, la salud y el medio ambiente.
¡Con la mía, no! La crítica al estado como redistribuidor de recursos
En el centro del discurso de Milei está la oposición a la redistribución de la riqueza. Para él, los impuestos son equivalentes a un robo legalizado, ya que el estado toma recursos de los ciudadanos productivos para beneficiar a otros, en muchos casos percibidos como dependientes del asistencialismo.
En Argentina, donde la carga tributaria ronda entre el 29% y el 33% del PIB, supera ampliamente a la de países vecinos como Chile (21%) o Perú (16%), y aún más cuando se considera la ineficiencia en la gestión de los fondos. Esta combinación de impuestos altos y una percepción de corrupción estructural genera frustración, haciendo que el discurso de Milei resuene profundamente entre los sectores medios y productivos. No obstante, su crítica omite considerar que:
Los servicios públicos como la educación y la salud son esenciales para garantizar la igualdad de oportunidades.
El estado también tiene un rol clave en mitigar desigualdades estructurales, como la pobreza crónica.
El rechazo absoluto a la redistribución puede generar mayores desigualdades y exclusión social, especialmente en un país donde una gran parte de la población depende de servicios básicos financiados por el estado.
La bicicleta financiera y la emisión monetaria oculta
Una de las grandes contradicciones dentro del discurso de Milei es su crítica a la emisión monetaria descontrolada y su propuesta de abolir el Banco Central y dolarizar la economía. Milei argumenta que la inflación es un "impuesto encubierto" que reduce el poder adquisitivo de los ciudadanos y, por ende, viola el principio de "la mía y la tuya".
Sin embargo, al enfocarse exclusivamente en la emisión monetaria como causa de la inflación, ignora el impacto de otros factores estructurales, como:
La especulación financiera o bicicleta financiera. Esta práctica, donde se toman préstamos en pesos a tasas bajas y se convierten en dólares para obtener ganancias, ha sido una constante en la economía argentina.
Los acuerdos con el FMI y la fuga de capitales. Muchos fondos obtenidos por el estado se han destinado al pago de deudas, en lugar de ser invertidos en infraestructura o desarrollo.
Además, datos recientes muestran que mientras la emisión monetaria se reduce, la inflación persiste, lo que indica que el problema también está relacionado con la estructura especulativa de la economía argentina.
Débil relación entre derechos individuales y prosperidad económica
Otro punto clave es la desconexión entre la teoría de Milei y la realidad económica. Su propuesta de menos estado = más libertad = más prosperidad no necesariamente se sostiene en la práctica. La privatización de servicios esenciales, como la salud y la educación, puede excluir a sectores vulnerables, generando mayores desigualdades.
Además, su plan no aborda cómo gestionar externalidades negativas, como:
El cambio climático. La ausencia de regulaciones podría empeorar los problemas medioambientales.
La crisis habitacional. Sin políticas públicas de vivienda, muchas personas podrían quedar desprotegidas.
Crítica a los derechos sociales como privilegios
Milei distingue entre derechos negativos (que protegen a los individuos de interferencias) y derechos positivos (que requieren intervención estatal). Argumenta que los derechos positivos son privilegios que violan el principio de "la mía y la tuya".
Si bien esta idea es atractiva para ciertos sectores que ven los subsidios y ayudas sociales como injustos, ignora que:
La educación pública es esencial para el desarrollo del talento individual y colectivo.
Una sociedad más saludable y educada beneficia también a los individuos más ricos.
Conclusión: Una estrategia retórica eficaz pero limitada
El discurso de Milei, basado en la idea de "la mía y la tuya", es poderoso en su capacidad de conectar con el descontento popular y promover su plan económico liberal. Sin embargo, su implementación enfrenta serios desafíos prácticos y conceptuales:
Simplifica el rol del estado, ignorando la necesidad de políticas públicas que garanticen derechos colectivos.
Desconoce los beneficios de la redistribución moderada para reducir desigualdades estructurales.
No aborda la influencia de la especulación financiera y la fuga de capitales en la economía argentina.
En síntesis, aunque su discurso tiene una fuerza retórica importante y atractivo electoral, su viabilidad económica y social está lejos de ser garantizada sin considerar reformas estructurales profundas y políticas inclusivas.

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