Entre el barro y la penumbra: Ensayo sobre la política, la traición y la maquinaria de los elegidos
Algunas imágenes cortan más hondo que la mejor frase. Veo a Paola —compañera, madre, militante— caminando la calle de tierra, mochila en el hombro, iluminada por una luz flaca y solitaria. No la espera la cámara, ni el desayuno en un hotel céntrico, ni la promesa de una banca asegurada. La espera una combi, el frío, y el deber de estar donde nadie más quiere ir. Esa foto dice lo que la política calla: la distancia entre la realidad de los que caminan el barro y el mundo de los que deciden entre alfombras y medianoches. En ese contraste se cifra la enfermedad de la democracia, el desencanto de quienes alguna vez creyeron que la política podía ser otra cosa. La maquinaria política argentina ha perfeccionado, con el tiempo, una lógica de exclusión que transforma la selección de candidatos en un ritual oscuro, lejos del pueblo y del espíritu participativo. Amiguismo, rosca y traición son las reglas tácitas de este juego, donde la casta se reproduce y perpetúa, ajena a las necesidades...